Ostrogoto [es]

Anonimato

 

Entonces me acerqué y le dije al Cíclope sosteniendo entre mis manos una copa de negro vino:

«¡Aquí, Cíclope! Bebe vino después que has comido carne humana, para que veas qué bebida escondía nuestra nave. Te lo he traído como libación, por si te compadezcas de mí y me enviabas a casa, pues estás enfurecido de forma ya intolerable. ¡Cruel!, ¿cómo va a llegarse a ti en adelante ninguno de los numerosos hombres? Pues no has obrado como lo corresponde.”

«Así hablé, y él la tomó, bebió y gozó terriblemente bebiendo la dulce bebida. Y me pidió por segunda vez:

«Dame más de buen grado y dime ahora ya tu nombre para que te ofrezca el don de hospitalidad con el que te vas a alegrar. Pues también la donadora de vida, la Tierra, produce para los Cíclopes vino de grandes uvas y la lluvia de Zeus se las hace crecer. Pero esto es una catarata de ambrosia y néctar.”

«Así habló, y yo le ofrecí de nuevo rojo vino. Tres veces se lo llevé y tres veces bebió sin medida. Después, cuando el rojo vino había invadido la mente del Cíclope, me dirigí a él con dulces palabras:

«Cíclope, ¿me preguntas mi célebre nombre? Te to voy a decir, mas dame tú el don de hospitalidad como me has prometido. Nadie es mi nombre, y Nadie me llaman mi madre y mi padre y todos mis compañeros.”

«Así hablé, y él me contestó con corazón cruel:

«A Nadie me lo comeré el último entre sus compañeros, y a los otros antes. Este será tu don de hospitalidad.”

«Dijo, y reclinándose cayó boca arriba. Estaba tumbado con su robusto cuello inclinado a un lado, y de su garganta saltaba vino y trozos de carne humana; eructaba cargado de vino.

«Entonces arrimé la estaca bajo el abundante rescoldo para que se calentara y comencé a animar con mi palabra a todos los compañeros, no fuera que alguien se me escapara por miedo. Y cuando en breve la estaca estaba a punto de arder en el fuego, verde como estaba, y .resplandecía terriblemente, me acerqué y la saqué del fuego, y mis compañeros me rodearon, pues sin duda un demón les infundiá gran valor. Tomaron la aguda estaca de olivo y se la clavaron arriba en el ojo, y yo hacía fuerza desde arriba y le daba vueltas. Como cuando un hombre taladra con un trépano la madera destinada a un navío otros abajo la atan a ambos lados con una correa y la madera gira continua, incesantemente, así hacíamos dar vueltas, bien asida, a la estaca de punta de fuego en el ojo del Cíclope, y la sangre corría por la estaca caliente. Al arder la pupila, el soplo del fuego le quemó todos los párpados, y las cejas y las raíces crepitaban por el fuego. Como cuando un herrero sumerge una gran hacha o una garlopa en agua fría para templarla y ésta estride grandemente -pues éste es el poder del hierro-, así estridía su ojo en torno a la estaca de olivo. Y lanzó un gemido grande, horroroso, y la piedra retumbó en torno, y nosotros nos echamos a huir aterrorizados.

«Entonces se extrajo del ojo la estaca empapada en sangre y, enloquecido, la arrojó de sí con las manos. Y al punto se puso a llamar a grandes voces a los Cíclopes que habitaban en derredor suyo, en cuevas por las ventiscosas cumbres. Al oír éstos sus gritos, venían cada uno de un sitio y se colocaron alrededor de su cueva y le preguntaron qué le afligía:

«¿Qué cosa tan grande sufres, Polifemo, para gritar de esa manera en la noche inmortal y hacernos abandonar el sueño? ¿Es que alguno de los mortales se lleva tus rebaños contra tu voluntad o te está matando alguien con engaño o con sus fuerzas?”

«Y les contestó desde la cueva el poderoso Polifemo:

«Amigos, Nadie me mata con engaño y no con sus propias fuerzas.”

«Y ellos le contestaron y le dijeron aladas palabras:

«Pues si nadie te ataca y estás solo… es imposible escapar de la enfermedad del gran Zeus, pero al menos suplica a tu padre Poseidón, al soberano.”

«Así dijeron, y se marcharon. Y mi corazón rompió a reír: ¡cómo los había engañado mi nombre y mi inteligencia irreprochable!
-Homero. La Odisea.
 
Desde la antigüedad no ha faltado quien haya intuido y cantado la potencialidad del uso del anonimato. Sólo si se es nadie se puede evitar ser reconocido por sus enemigos. Se trata de una sabiduría griega que por lo que parece crea defecto en lxs anarquistas de la Conspiración de las Células del Fuego, algunxs de lxs cuales –en un documento escrito en la cárcel, firmado por otro compañero detenido y enviado a un encuentro internacional anarquista que tuvo lugar en Zúrich en noviembre de 2012– dedican un amplio espacio a las razones del uso del nombre, de la sigla, de una identidad bien precisa con las que reivindicar acciones de lucha.
Su texto es particular porque, a pesar de que formen parte del grupo armado anarquista específico quizás más conocido en este momento, en un cierto sentido acoge y hace propia gran parte de la crítica más difundida a la lucha armada, rechazando toda separación, toda división de roles. No hay compañerxs que están en primera línea manejando armas y compañerxs que están en la retaguardia manejando papeles, porque todo medio es un arma, se puede empuñar una pancarta como una antorcha, una piedra como la dinamita. El acero es la materia prima tanto de las pistolas como de los bolígrafos. No hay ninguna jerarquía de medios, no hay ningún fetichismo técnico. Todxs lxs compañerxs tienen que ser capaces de poder usarlo todo. Fin de la especialización. Perfecto. Pero falta por superar la cuestión de la identidad. De moverse en la oscuridad, y no bajo las luces de neón, estxs compañerxs griegxs no quieren ni oír hablar.
Porque han argumentado sus propias decisiones, cosa que durante años muchxs otrxs anarquistas que comparten recorrido no han hecho por no considerarlo oportuno, haciendo de este modo imposible cualquier debate sobre la cuestión, y habiendo enviado su texto a un encuentro anarquista, es evidente su intención de abrir finalmente una discusión sobre estos temas. Encantados con esta decisión suya, vamos a intentar aquí aportar nuestra contribución al debate.
Comenzamos por la cuestión de los medios. Después de haber precisado no querer absolutamente poner límites a la iniciativa anarquista y de querer generalizar todo conocimiento técnico, estxs compañerxs escriben: “creemos que lo que se necesita es que la voluntad por la revuelta anarquista sea apropriable y los medios no sean más que objetos que solo esperan que nuestras manos y deseos los descubran. Así, evitamos las distinciones entre la violencia de baja o alta tensión y destruimos la reproducción del mito de la especialización. Un ejemplo característico de la polimorfa acción anarquista es el experimento de la FAI/FRI, que asume la responsabilidad tanto de la colocación de pancartas solidarias y el sabotaje de cerraduras de tiendas comerciales en Perú y Bolivia, como del disparo contra un alto ejecutivo de la energía nuclear en Italia y el ajustamiento de tres munipas en México. Es así, pues, como comenzamos nosotrxs también, como Conspiración de Células del Fuego, sin caer nunca en la trampa de la arrogancia de los medios y su jerarquía informal.”. Palabras claras, inequívocas, pero… acompañadas por un ejemplo digamos un tanto absurdo. Porque es una verdadera locura que una única “sigla” reivindique acciones tan distantes –en cuanto a consecuencias– como la colgar pancartas y el homicidio de policías. El primero es un acto común, al alcance de cualquiera, a diferencia del segundo. Normalmente, lxs autorxs del primer gesto pueden ser encontradxs más fácilmente, no necesitándose para esto grandes persecuciones. Pero en el ejemplo expuesto ellxs se estarían arriesgando a pagar las consecuencias también del segundo gesto, en particular allí donde ambas acciones se pudieran verificar en el mismo territorio. ¿O es que en Perú y en Bolivia lxs anarquistas de la FAI/FRI se tendrán que limitar siempre a las pancartas y el pegamento? ¿O es que para realizar semejantes actos simples deberán tener las mismas atenciones necesarias que para otras muchas formas de acciones?
Estxs compañerxs griegxs se olvidan completamente de considerar algunos mecanismos represivos, como por ejemplo, el uso del delito de asociación, que paradójicamente e involuntariamente se ven favorecidos por su ímpetu identitario. Para aclarar lo que queremos decir, pongamos dos ejemplos históricos concretos. En España, en las últimas décadas del s. XIX, hubo mucha agitación social. En la baja Andalucía en particular, se multiplicaron los incendios de viñedos y cosechas, así como la tala ilegal de leña, el robo de ganado, incluso los homicidios. A diferencia del anarquismo catalán, entonces más cercano a posturas legalistas, lxs anarquistas andaluces/andaluzas mantuvieron cierta propensión hacia la acción directa. En este escenario hizo su aparición en 1883 la “Mano Negra”, fantasmagórica organización anarquista a la que las autoridades atribuyeron un complot que pretendía matar a todxs lxs propietarixs terratenientes de la región. Aunque sí es cierto que ésta suscitó simpatías en muchxs anarquistas andaluces/andaluzas, es también cierto que la misma existencia de esta organización queda todavía en duda. Por ejemplo, lxs autorxs de “El incendio milenarista”, los Cangaceiros franceses Delhoysie y Lapierre, escriben: “También es probable que nunca haya existido un grupo o una secta secreta con el nombre de Mano Negra; este nombre sirvió para indicar un conjunto de acciones y de sectas sin nombre. En total, el conjunto de procesos llevados a cabo contra anarquistas andaluces/andaluzas en el ámbito de la Mano Negra concluyó con 300 condenas de cárcel”. Más allá de la duda de si esta “firma” fuera una pura invención policial o una decisión efectiva por parte de algunxs compañerxs andaluces/andaluzas es, de todas formas cierto, que por un lado englobó todas las acciones sin nombre llevadas a cabo en ese período y, por otro, sirvió a la magistratura para distribuir penas altísimas a quien hubiera participado en las distintas luchas sociales de aquel tiempo (además de para justificar muchas ejecuciones sumarias contra subversivxs). Lxs autorxs de innumerables acciones pequeñas se vieron así perseguidxs y condenadxs por haber sido acusadxs de participar en una banda armada de la que nunca habían formado parte (y que, igual, ni siquiera existía).
Alguna década después, en Francia, se produjo un hecho análogo. Las acciones realizadas por algunxs compañerxs individualistas fueron atribuidas a una “banda Bonnot” que nació solo en la fantasía de un periodista. En realidad no hubo ninguna banda estructurada, solo un ambiente de compañerxs activo y efervescente. Individualidades singulares se encontraban, se asociaban para una acción, se dejaban, sin ninguna homogeneidad. Pero el espectro de un “grupo organizado” lo agitaba la magistratura y se usó para incriminar a decenas de compañerxs por delitos de asociación que preveían penas mayores, las cuales hubieran sido imposible imponer sin la creación de ese fantasma organizativo colectivo.
Movimiento social o “área” de movimiento específico, en ambos casos las pequeñas acciones realizadas por compañerxs singulares, expresión de la selva oscura que es la anarquía, fueron fagocitadas por una Organización, por un Grupo, ya fuera real o ficticio. El Estado tiene todo el interés de que suceda esto. Por un lado, se puede difundir la idea de que sólo son unxs pocxs obcecadxs los que lo combaten, que cualquier intento insurreccional es sólo el complot de poquísimxs subversivxs contra la voluntad de muchísimxs ciudadanxs conscientes, privando así a la subversión de su carácter social y generalizable. Por otro lado, puede usar contra sus enemigos la mano dura, aumentando las condenas gracias al uso del delito asociativo.
Lxs compañerxs griegos no sólo no tienen mínimamente en cuenta estos aspectos, aunque sólo sea por meros motivos de seguridad, sino que los agravan. De hecho sostienen que en efecto no hay ninguna diferencia entre quien cuelga pancartas y quien mata a policías. Pueden y deben estar en el mismo plano, pertenecer a la misma organización que reivindica sus acciones, que las tiene que reivindicar si no quiere abandonar la insensatez. Música para los oídos de la magistratura. Si la sigla-paraguas puede funcionar con el FLA es porque las acciones llevadas a cabo a lo largo y ancho del mundo por sus activistas se parecen, tratándose sobre todo de liberaciones de animales. Pero los ejemplos hechos por lxs compañerxs griegxs son de naturaleza bien distinta. ¿Quién estaría tan locx como para dejarse identificar por una pancarta sabiendo que podría ser acusadx de homicidio? ¿Se debe entonces preparar la colocación de un trozo de tela con la misma cautela con la que se prepararía la eliminación de un enemigo? A la larga, la jerarquía de los medios sacada por la puerta de las buenas intenciones, de los principios, volverá a entrar por la ventana de las duras necesidades prácticas.
Desgraciadamente, para estxs compañerxs griegxs, sólo hay una manera de evitar todos estos problemas: el anonimato. Cuanto ha sido dicho hasta ahora se ha sugerido como precaución, como elección “estratégica”. Pero esto sólo es un aspecto suplementario de la cuestión, en nuestra opinión el menos importante. De hecho, el anonimato es también y sobre todo el método que más corresponde a nuestros deseos. No sólo lo consideramos útil y funcional, sobretodo, lo consideramos justo.
El anonimato elimina el derecho de posesión del autor sobre lo que ha hecho, despersonaliza la acción liberándola de la particularidad humana que la ha realizado. De esta manera permite que la acción se convierta potencialmente en un acto plural (y paciencia si excita la mezquindad de lxs cripto-ufanatorios). La acción anónima no tiene propietarixs, no tiene patrones, pertenece a nadie. Esto significa que pertenece a todxs aquellxs que la comparten.
Por la noche, todos los gatos son pardos. Nadie está delante guiando, nadie está detrás siguiendo. Lo que hacemos en la oscuridad, sólo lo sabemos nosotrxs. Y basta. La oscuridad nos protege de nuestrxs enemigxs, pero nos protege también y, sobre todo, de nosotrxs mismxs. Nada de líderes, nada de gregarismos, nada de vanidades, nada de admiración pasiva, nada de competición, nada de demostrarle nada a nadie. Más bien, desnudxs y crudxs, sin mediaciones. Ha ardido un banco, ha explotado un cuartel, se ha abatido un poste de alta tensión. ¿Quién ha sido? No importa, no tiene ninguna importancia. Que lo haya hecho Pepe o Pepa, ¿qué diferencia hay? Ha pasado, se puede hacer, ¡hagámoslo! En la oscuridad la acción habla por sí misma. Si no es comprensible, seguro que no serán llamativos comunicados engullidos por la máquina propagandística del Estado los que la den un sentido. Como ya se ha hecho notar, una acción seguida por un comunicado es como un chiste seguido por una explicación. Haciéndolo así no se mejora para nada el efecto, sino que se banaliza, se estropea. Si una acción no habla por sí misma, no va a ser acumulándole palabras por encima como se vaya a resolver el problema que, con toda evidencia, se encuentra al principio, en la equivocada elección del objetivo.
Las acciones de ataque no necesitan de ninguna justificación a posteriori. En un planeta destruido por las guerras, ¿se necesita hacer saber por qué se ataca una base militar? En un mundo presa de la especulación, ¿se necesita hacer saber por qué se ataca un banco? En una sociedad corrompida por la política, ¿se necesita hacer saber por qué se ataca a los partidos? No. Las razones están a la vista de todxs y, allí donde no lo estén, le toca a todo el movimiento hacerse cargo de difundir aquella crítica social capaz de hacerlas comprensibles y, entonces, compartibles y, de esta manera, reproducibles.
Es tan humano, espontáneo, natural e inmediato el deseo de atacar al enemigo, como artificial y calculado el impulso de hacer propaganda de ello, de asumir su paternidad, de atribuirse el mérito. ¿A los ojos de quién? Si lxs autorxs de una acción dan un paso adelante es porque quieren ser reconocidxs, porque se quieren distinguir, o porque quieren ser admiradxs y seguidxs. Aquí comienza el espectáculo, aquí se abre el bando para enrolarse. Quién se pone a la luz acaba inevitablemente hablando por los demás. Y, entonces, solo puede pasar que a él/ella lx apunten todos los focos, a él/ella le han puesto el micrófono en la mano. Lxs demás, si no quieren sentirse usadxs, estarán obligadxs, a su vez, a dar un paso adelante; algunxs para seguir los pasos de lxs primerxs, otrxs para distanciarse. El final del anonimato señala el fin de la igualdad, el inicio de la representación. Los media siempre están dispuestos a amplificar las palabras de quien llame a sus puertas, de quienes acepten las lógicas del espectáculo. Y esta amplificación es gratificante, da la ilusión de la fuerza. Un acto anónimo, por mucho que sea significativo, será con toda probabilidad silenciado, mientras que un hecho incluso banal pero “firmado” será abanderado a los cuatro vientos – ¡mira!, ¡hablan de nosotrxs! ¿Has visto lo fuertes que somos?
Mientras, en la oscuridad no hay nombres, no hay identidades, hay un movimiento heterogéneo, magmático, fragmentario, convulso. Nadie manda, nadie obedece. Los actos, como las palabras, valen por su sentido, por su contenido, por sus consecuencias. No por la reputación de sus autorxs. En vez de invocar el final del anonimato en las acciones, habría que introducirlo también en las palabras. Dar vida a un movimiento anarquista, autónomo, anónimo, decidido a atacar sin darle ninguna explicación al enemigo. Capaz de llevar adelante la teoría y la práctica sin construir pedestales para lxs ambiciosxs. Las razones de las acciones se expresan en los libros, en los periódicos, en los manifiestos, en los panfletos, en todas las teorías llevadas adelante por el movimiento en todo su conjunto. Las pasiones de las ideas vienen expresadas en las manifestaciones, en los sabotajes, en los incendios, en los ataques, en todas las prácticas llevadas adelante por todo el movimiento en su conjunto.
Lxs compañerxs griegxs escriben que “el nombre de cada grupo en el que participamos es nuestra psique”. ¡Qué afirmación más rara! ¿Pero qué hay más secreto, más íntimo, más indecible que la psique? ¿Quién querría ver su propia psique en primera página, su alma vomitada por el tubo catódico? El nombre es sólo una identidad. Sirve para hacerse conocer y para ser reconocido. Rechazar el nombre impuesto por la sociedad de la mercancía para escoger uno propio no se diferencia mucho. No hace más que lanzar otro logo. Frente al parloteo mediático, a este estruendo ensordecedor, como frente al enemigo, no hay dudas: el silencio es oro. ¿Los media atribuirán el significado que más les convenga a las acciones anónimas, distorsionándolas a su uso y consumo? Seguro que lo harán, es su oficio. Pero el uso de una sigla no cambia esta situación. Es más, de esta manera no se hace más que participar en esta obra de confusionismo. Quien piensa poder hablar fuerte y claro dentro de los media, es un/a ingenux. En realidad, son los media los que hablan a través de él/ella.
Y después, ¿¡qué decir de la idea de que los grupos informales puedan y deban discutir entre ellos a través de los comunicados de reivindicación!? Pero, ¿nos preguntamos a quién se quieren dirigir? ¿A las personas de la calle, a lxs explotadxs y por ello potenciales cómplices, que no entienden el significado de la acción? ¿O a lxs compañerxs de otros lugares para dialogar? En el primer caso, además de la ilusión de poder usar los media, no se entiende la presencia de todas esas referencias a lo que sucede en el movimiento: mensajes transversales, citas, alusiones, todas, cosas que hacen las reivindicaciones incomprensibles a los ojos de la gente común. Sus reacciones no pueden ser más que la indiferencia respecto a la lucha de estos extraños anarquistas que en el momento de la acción expresan un universo mental verdaderamente estremecedor, incapaz de ir más allá de sus narices. Lxs anarquistas contra el Estado, el Estado contra lxs anarquistas: ¿esto es toda la guerra social? En el segundo caso, no se entiende el motivo por el cual se recurre a un instrumento similar. ¿Por qué un diálogo, una discusión, un debate entre compañerxs se tendría que desarrollar a través de los mass media en vez de a través de los medios del movimiento? ¿Por qué, para afrontar ciertas cuestiones, no podrían bastar los periódicos, los fanzines, las revistas o, incluso, los blogs? ¿Y en qué cosa estas discusiones son más interesantes y válidas si no son todxs lxs compañerxs los que las llevan adelante, quizá incluso diariamente, sino lxs “militantes de organizaciones combatientes” por la realización de sus acciones? Mientras se desencadena este juego de pura auto-representación, la policía y los periodistas leen todas nuestras palabras, aprenden códigos lingüísticos, anotan similitudes, descifran referencias, hacen hipótesis sobre posibles relaciones, deducen responsabilidades… y se preparan.
Como hizo notar durante el encuentro en Zúrich una compañera, durante los años 70 en Italia las distintas organizaciones armadas reivindicaron cientos de acciones de ataque contra el Estado. Pero fuera de este espectáculo político, que tanto contribuyó a crear una mitología revolucionaria completamente demencial que todavía hoy continúa segando víctimas, hubo miles de acciones. Los media dieron un amplio espacio a las primeras, pero hicieron de todo para silenciar las segundas. ¿Todavía es necesario explicar el motivo?
Por esto, hemos leído con cuidado el documento de estxs compañerxs griegxs, y estamos encantadxs de que se hayan expresado claramente sobre este asutno. Pero entre la hipótesis de que la acción radical anarquista se agregue en Frentes Únicos y Federaciones Anarquistas (quizás mediante pactos asociativos que secundar), o que se disemine en pequeños grupos de afinidad, nosotrxs continuamos sin tener dudas. Y prefiriendo una revuelta anarquista, autónoma, anónima…
 
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